Minería y monedas


La riqueza en metales de la Península Ibérica fue una de las causas que motivaron la llegada de colonizadores mediterráneos y la fundación de los primeros asentamientos coloniales. Sin embargo, quienes desarrollaron la minería de manera más intensa fueron los romanos. A partir de la conquista romana de los pueblos del Norte por Augusto, el Noroeste se convierte en uno de los distritos mineros más activos del Imperio, con yacimientos de oro, plomo o estaño. Minas de menor entidad con producción de mercurio, plata, hierro y plomo, aparte de los citados, se distribuían fundamentalmente por otros lugares. Entre los territorios mineros, destacan Cantabria y Pirineos y diversos enclaves del Sistema Central, de los Montes de Toledo y de Sierra Morena. El interés del Estado romano por las minas de oro, plata y cobre de Hispania está relacionado con la necesidad de tales metales para el mantenimiento de las acuñaciones monetales. Las cecas hispanas de Toletum, Tarraco, Calagurris, Segobriga, Ilici, Carthago Nova, Emerita Augusta o Itálica acuñaron monedas con las efigies de Augusto, Tiberio o Calígula